Gabriel Fernández, integrante de H.I.J.O.S. La Matanza y hermano de dos jóvenes desaparecidos en la última dictadura, relata la búsqueda de Memoria, Verdad y Justicia y los desafíos vigentes en el distrito.
Al cumplirse 50 años del golpe de Estado de 1976, las historias de las familias víctimas siguen siendo el motor fundamental para preservar la memoria colectiva. José Gabriel Fernández, de H.I.J.O.S. La Matanza, recuerda a sus hermanos Juan Alejandro y Jorge Luis Fernández, ambos adolescentes secuestrados en 1977 en Ituzaingó en un operativo represivo realizado en el marco de aquella dictadura militar.
“Mis hermanos tenían 16 y 17 años, eran estudiantes secundarios comprometidos con actividades solidarias, apoyo escolar y espacios comunitarios”, rememora Fernández para poner en valor su compromiso social joven en ese contexto oscuro.
“El 19 de septiembre del ’77 fueron secuestrados en nuestra casa; primero se llevaron a Alejandro y luego volvieron a buscar a Jorge”, relata en primera persona, describiendo un quiebre doloroso y definitivo en su familia.
Según reconstrucciones familiares, el operativo fue ejecutado por un grupo de tareas conformado por fuerzas policiales y militares, dejando una profunda incertidumbre. “Recorrimos comisarías, hospitales, cuarteles, sin obtener respuesta,” afirma, evidenciando el silencio y la impunidad que predominó los años posteriores.
Militancia y justicia con respaldo nacional
La participación de Fernández en H.I.J.O.S. se fortaleció especialmente con la llegada del gobierno de Néstor Kirchner, cuando se logró poner fin a las leyes de impunidad y avanzar con los juicios por delitos de lesa humanidad. “Ese contexto permitió integrar a nuestra familia en procesos judiciales, entre ellos el caso de la Brigada de Investigaciones de San Justo, donde se pudo esclarecer lo ocurrido y obtener condenas”, señala.
Actualmente, además de su labor en H.I.J.O.S. La Matanza, Fernández participa en espacios de derechos humanos y ofrece charlas en escuelas del partido para transmitir memoria y consolidar la continuidad generacional de los reclamos.
Reclamos locales y deudas por saldar
Uno de los pedidos constantes es la transformación de los espacios que funcionaron como centros clandestinos en lugares de memoria. En particular, se destaca la necesidad de desafectar la Brigada de San Justo para convertirla en un espacio conmemorativo, un reclamo con años de espera y que representa una “deuda pendiente” para la comunidad.
Fernández valora las políticas implementadas durante los gobiernos de Néstor Kirchner: “Admiro que no solo retiró los cuadros, sino que impulsó juicios y espacios de memoria como la ESMA, indispensables para reflexionar y reconstruir nuestra historia”.
Un 24 de marzo con compromiso y calle
De cara a un nuevo 24 de marzo, la fecha sigue convocando masivamente a la comunidad. “Es un momento de encuentro en la calle; año tras año, la participación crece y eso es fundamental”, manifiesta Fernández.
La consigna que atraviesa a las organizaciones de derechos humanos es clara: “La lucha sigue siendo que nos digan dónde están, no es un derecho discutir número sino que expliquen qué hicieron con nuestros desaparecidos”.
Para cerrar, subraya: “La memoria se sostiene en la calle, con la gente, con la presencia; esa es nuestra forma de seguir peleando”.







