Por Melisa Maciel: La creciente polarización política y la crítica social en Argentina tienen un impacto particular en los trabajadores, que sufren la degradación de sus condiciones laborales, una situación que Javier Milei utiliza en sus discursos electorales para cuestionar al peronismo y a la dirigencia sindical.
La afirmación de que "los sindicatos no sirven" o que "los sindicalistas son parásitos" resuena con la experiencia de muchos trabajadores, afectados por la precarización y bajos salarios, pero esta simplificación oculta la compleja dinámica que sostiene la burocracia sindical.
La dirigencia gremial, que convive con privilegios y estilos de vida alejados de la realidad cotidiana de los trabajadores, cumple, además, un papel de intermediaria entre la clase trabajadora, el empresariado y el gobierno.
En palabras de Halperín, estos "descamisados con camisas de seda" negocian las paritarias y definen el valor del trabajo sin experiencia real en los lugares donde se desempeña la mayoría de los trabajadores.
Estableciendo una especie de monarquía sindical, los líderes son elegidos y reeligen con acuerdos y linajes que perpetúan su influencia, permitiendo la continuidad de condiciones laborales precarias: contratos a través de monotributo, trabajo en cooperativas vinculadas a planes sociales con condiciones vulnerables y el pluriempleo, sin cuestionar las contrarreformas laborales que deterioran derechos.
Esta burocracia sindical reprime la organización real de base con prácticas como la ausencia de asambleas auténticas, fraude electoral y persecución a delegados, mientras justifica la falta de movilizaciones bajo el argumento de evitar la represión, manteniendo la rentabilidad empresarial y los fondos sindicales negociados.
Un caso emblemático es la trágica muerte del trabajador docente Cristian Pereyra de La Matanza, quien falleció en circunstancias confusas en la autopista Presidente Perón mientras buscaba complementar su salario con viajes para una aplicación digital, reflejando la crisis económica que golpea a los trabajadores.
La burocracia sindical posiblemente buscará atribuir esta tragedia a Milei, pero es fundamental reseñar que la gestión provincial encabezada por Axel Kicillof mantiene políticas que no alivian la situación, como el pago de deuda externa en detrimento de la inversión social y la negativa a aplicar impuestos a las grandes fortunas, que permitirían financiar mejores condiciones.
El SUTEBA y el Frente de Unidad Docente, con la conducción de Baradel, acordaron paritarias similares a las propuestas por Milei, con incrementos acumulados modestos que obligan a los docentes a cumplir múltiples trabajos, tal como lo hacía Cristian.
Esta realidad genera profundos cuestionamientos: la falta de protección adecuada por parte del IOMA, las condiciones deterioradas en las escuelas públicas y la sobrecarga laboral afectan gravemente a los trabajadores de la educación y sus familias.
Como señala Adorni, muchos docentes se "desloman" trabajando, atrapados en sistemas sindicales y gubernamentales que no representan verdaderamente sus intereses.
Actualmente, la clase trabajadora padece la manipulación de una narrativa que sostiene a dirigentes cómodos, gobiernos que evitan cambios profundos y un empresariado que prioriza sus ganancias, dejando de lado las urgencias sociales y económicas reales.
En este contexto de empobrecimiento y deuda generalizada, el llamado a la movilización y organización trasciende los discursos polarizadores, buscando que la sociedad recupere el control de su destino, como lo demuestran recientes luchas docentes que enfrentan la represión en distintas provincias.
La movilización social continúa, pese al miedo y las trabas impuestas por la burocracia sindical, y la inacción ya no es opción cuando está en juego la vida y dignidad de los trabajadores.
Melisa Maciel
MetaVerso
