A 43 años de la Guerra de Malvinas, el autor Luis Gotte invita a reflexionar sobre el 2 de abril como un símbolo de memoria, dignidad y soberanía, más allá de la derrota militar.
Por Luis Gotte – la trinchera bonaerense
Hay fechas que no se olvidan, que laten en el corazón del pueblo argentino.
El 2 de abril de 1982 no es solo un recuerdo sino una herida abierta y una bandera en alto. Fue el día en que Argentina reafirmó con orgullo que las Malvinas son nuestras.
Jóvenes argentinos, hijos del pueblo, cruzaron aquel mar helado movidos por el compromiso con una causa histórica y una deuda de la Nación con su propio honor.
En ese suelo inhóspito escribieron una página profunda de coraje y entrega.
Reducir Malvinas a una derrota desconoce que nuestros soldados resistieron 74 días con valentía, soportando hambre, frío y abandono, sin rendirse en espíritu.
El 2 de abril honra el valor de quienes lucharon, de los caídos y de quienes retornaron con cicatrices invisibles que aún duelen.
El Estado reconoce ese sacrificio como un acto incomparable en defensa de la soberanía nacional, pero esta memoria debe estar viva.
La causa Malvinas fue también una muestra de solidaridad continental. Perú aportó apoyo militar decisivo, y países como Venezuela, Bolivia, Ecuador, México, Brasil y Cuba ofrecieron respaldo diplomático. No obstante, algunos gobiernos, como el de Chile, apoyaron a Reino Unido y otros mantuvieron neutralidad.
Más allá de sus gobiernos, los pueblos hispanoamericanos entendieron que Malvinas es una causa continental y de dignidad frente al colonialismo.
Tras la guerra, los Acuerdos de Madrid de 1989 y 1990, firmados durante la presidencia de Carlos Menem, limitaron la capacidad argentina en el Atlántico Sur y consolidaron la posición británica, sin haber sido aprobados por el Congreso.
Esta etapa marcó un período de “desmalvinización” que intentó apagar la llama popular, aunque la causa nacional siguió vigente.
Malvinas es hoy un mandato constitucional irrenunciable y un compromiso político de la Argentina para la recuperación de la soberanía.
Esta causa es también espiritual: une historia, sangre y esperanza, convocándonos a pensar la Patria Grande que nos espera.
Recordar a los héroes del 2 de abril es mirar hacia el futuro, a través de la unidad hispanoamericana, la conciencia nacional y el compromiso con la soberanía y la libertad.
Volveremos, no desde la guerra o el odio, sino desde la dignidad propia y la decisión política soberana.
Este 2 de abril es un día de memoria, dignidad y compromiso, símbolos de un pueblo que no se rinde y que sabe que el tiempo de Malvinas volverá.







